Nuestro hijo se llama Mateo y es un jinete "uno en 700". Ha superado las expectativas de los estándares fijados para las personas con síndrome de Down: es jinete profesional federado, matemático por excelencia y habla inglés. Nos dicen que ellos no tienen la capacidad para desarrollar estas habilidades, y henos aquí, clasificó a un mundial de equitación paralímpico en Chile para el cual no estábamos preparados.
De Mateo hemos aprendido a no rendirnos, a entender que nada es suficiente y a no compararnos con otros. Cuando muchos en el mundo buscan encajar en estereotipos, Mateo busca dejar huella tal y como es, a su corta edad. Hemos aprendido a decir no cuando se necesita y a decir sí cuando vale la pena, porque ese es Mateo: cuando no quiere, no quiere, y sabe muy bien por qué. Y cuando quiere, no hay que preguntarse, porque va más allá de cualquier límite.
Nos gustaría que quienes nos leyeran supieran que el síndrome de Down no está necesariamente ligado a una discapacidad cognitiva, y mucho menos emocional. Define algunos parámetros físicos, pero no define hasta dónde pueden llegar. Las personas con Down no necesitan nuestra lástima, sino nuestro apoyo, y sobre todo, mucho amor y alegría.
Si enseñamos a los niños a aceptar la diversidad como algo normal, no será necesario hablar de inclusión sino de convivencia. Necesitamos el apoyo de todos: síguenos en Instagram @mateorubioherrera.